jueves, 22 de octubre de 2015

De mis quince sensaciones favoritas

Me da mucha rabia y hasta un poquito de vergüenza aceptar que creo y defiendo el gran tópico de que "la felicidad está en las pequeñas cosas". Sin embargo no os penséis que me quedo con eso. Como siempre, porque soy un poco rebelde, intento diferenciarme y añado un matiz que para mí lo es todo y es que creo y rezo que "la felicidad también está en las pequeñas cosas".

Paso de ser la típica que reniega de las grandes cosas: del éxito, del amor, del lujo...pero me siento afortunada porque pese a que disfruto enormemente con todo eso (y lo busco, lo sueño) también me encantan los detalles, los momentos que casi ni te das cuenta de que pasan y las cosas simples, porque al final son pequeñas chispas que llenan mi vida. Ya lo decía Bruce, que sabe mucho: you can't start a fire without a spark. Pues eso, que sin las cosas pequeñas nada sería lo mismo.

Pensando en todo ello, he hecho una lista de mis quince sensaciones favoritas. Allá voy:

1. Dar las gracias

Hoy en día - y yo la primera - vamos por la vida haciendo mil cosas a la vez y sin pararnos a pensar demasiado. Un día llegué a la conclusión de que empezaría a dar las gracias por todo aquello que realmente me llena, por pequeño o grande que sea.

No sabéis el gusto que es tener una conversación interensantísima con un (nuevo) amigo, de esas que te une muchísimo en menos de 10 minutos y que deja pensando durante días. Levantarte al día siguiente y agradecerle el rato de desconexión total es maravilloso. También lo es agradecerles a tus amigas que siempre estén allí, aunque ya lo sepan.


2. Esquiar 

De esquiar me gusta absolutamente todo: levantarme tempranísimo, la velocidad, la nieve, la estética y espirar aire frío pero me apasiona la sensación de quitarte las botas después de todo el día bajando pistas. Sí, esa es una de mis sensaciones favoritas.


3. Que me hagan pensar

Creo que de lo mejor que me puede pasar es que alguien me haga pensar y plantearme las cosas. Me encanta pensar. Es así de simple. Conquistarme es fácil. 


4. Viajar a un sitio nuevo

Sin duda alguna los nervios, intriga y emoción que me provoca saber que conoceré un sitio nuevo y, al final, por fin, llegar allí y absorver todo lo que pueda en el tiempo que tenga para estar allí es también una de mis sensaciones preferidas.


5. Volver a casa

Y la recompensa de viajar no sólo es experimentar todo eso que os contaba en el punto anterior: también implica volver a casa. Pasar por la puerta, oler a lo de siempre y, de repente, relajarte. Ya está, qué bien, qué suerte tengo de tener todo lo que tengo.


6. Reírme

Y sobretodo que me hagan reír. 


* Extra: Mirar y remirar fotos de los mejores viajes me rechifla.

7. Estrenar

Me encanta comprarme algo y estrenarlo enseguida. Suelo salir de la tienda con los zapatos ya puestos. ¿Para qué esperar?


8. Ordenar

Es tan simple como que cuando ordeno mi habitación, el baño o mi armario lo único que realmente estoy haciendo es recolocar objetos y, sobretodo, ordenar mi cabeza. Es terapéutico.


* Extra 2: las camisetas de rayas marineras me hacen estúpidamente feliz. 


9. El click del hervidor

En mi casa el hervidor es absolutamente imprescindible. Y no hay nada que me guste más que oir el click que hace cuando el agua ya está lista: de repente me relajo porque ya puedo prepararme el té o, aun mejor, porque quiere decir que en ocho minutos mis espaguetis estarán ready to be devoured. 


10.  Llegar a casa y ponerme cómoda

Cómo un autómata: abrigo en el armario de la entrada, bufanda en el cajón de las bufandas, zapatos fuera y colocados en su sitio y entonces, por fín, desabrochar el sujetador, recojerme el pelo y ponerme unos leggins negros. 


11. Conducir cantando con la música a todo trapo

De hecho lo que más me gusta es conducir sola, poner una lista aleatoria y que de repente suene una canción que me haga bailar. Y entonces canto y bailo con todas mis ganas y soy muy feliz.


12. El olor a buñuelos de Quaresma por Semana Santa en casa de mis abuelos

En realidad me gustan todos los olores que te teletransportan a sensaciones y tradiciones. Pero sin duda mi preferido es el de buñuelos de Quaresma. Huele a Semana Santa, a primeros días de playa y a tejanos, camiseta y jersey finito. 


13. Entender una broma unos segundos más tarde que los demás

Es la típica situación en la que experimento un placer tan íntimo como que me río por la broma, con un poco con vergüenza, pero sobretodo me río de mi misma. Vergüenza porque de repente en mi cabeza ha habido una conexión que a mí me ha parecido brutal, y mi cerebro piensa muy rápido: "oh, claro, qué lista soy, cómo domino, qué buena la broma" y justo después, sin casi tener tiempo de disfrutar ese hito me caigo de mi mundo dándome cuenta que voy tarde, y que ahora todos se ríen de mí. Y no sé muy bien como explicároslo pero me siento muy conmigo misma. 


14. Sumergirme en el agua de mar 

El mar es de las cosas que más me gusta de este mundo y me salva días enteros porque me relaja y me libera. Pero sin duda lo que más me gusta es sumergirme y que me envuelva. Siempre he querido ser sirena o pececito por unas horas. 


15. Escuchar Devils and Dust

Canciones como mantras que te calman, te erizan la piel, te hacen pensar y te hacen llorar mientras sonríes absolutamente cada vez que las escuchas. 

I got God on my side
And I'm just trying to survive
What if what you do to survive
Kills the things you love
Fear's a powerful thing, baby
It can turn your heart black you can trust





Sensaciones, en definitiva, que me reconcilian con la vida.

Hasta pronto,

X.













lunes, 12 de octubre de 2015

De como adentrarse en el otoño

Pues sí, el verano terminó y ya quedó atrás. Bye be, hasta luego, nos vemos, ciao. Y después de la tormenta viene la calma, los horarios locos desaparecen y nos prepraramos para la hibernación.

Los que me conocen saben que soy bastante de extremos. A mí que me hablen de sí o de no, de 0 o de  100, de frío o de calor. Por lo tanto, esto del otoño y la primavera también me cuesta, no os creáis. Lo que pasa es que soy una férrea defensora del invierno y por lo tanto el otoño me alegra el espíritu, me acerca a la nieve, a la Navidad y en general, al máximo confort.

Siendo consciente del drama que ello supone para muchos de los que me rodean, que parecen adorar el verano y lo catalogan como la mejor época del año, he pensado que podría daros unos tipcitos (plis, leédlo como "tipsitos" - incorporación colombiana) sobre como recibir el otoño:

1. Cambio de armario 

Si podéis, retirad todo ápice de verano de vuestra vista. Ojos que no ven corazón que no siente. Adiós a las blusas de tirantes y a los shorts (porque chicas, los shorts con media tupida debajo son una aberración; así que nada, hasta el año que viene).

Y rápido y sin mirar atrás, recibid con los brazos abiertos a bufandas, jerseys, calcetinas y botas. Americanas, undercoats, sombreros...



2. Organiza una castañada

El mejor plan para estos próximos meses es alquilar una masía con chimenea y reunirse con todos los amigos para celebrar la castañada de día y Halloween de noche.

¿Que cómo funciona? Busca una casa bien rústica en la que quepáis tú y tus amigos; los citas sobre el mediodía de un sábado y compra castañas, panellets, pan para tostar, embutido y prepara bizcochos, galletas y gintonics. En cuanto anochezca te disfrazas (o no) y dejas que la noche haga de las suyas.



3. Disfruta de la rutina

Que sí, que está genial esto de poder improvisar, cambiar de planes y de organización cada día y hasta cada hora. Pero aceptemos, ente todos, que la rutina también tiene su bright side.

Que no hay nada como llegar a casa y que la cena esté preparada, ir al gimnasio cada martes y jueves (y de paso reírte un rato con tus amigas), levantarse pronto y aprovechar el día entero, saborear las cosas durante más días porque las apuntas en la agenda con antelación,...

Igual soy la única, pero me apasiona una buena vuelta a la rutina. La gracia, aunque supongo que ya lo sabéis, es hacer trampas contra uno mismo y, de vez en cuando, saltarse el timing y sentirse rebelde por unas horas que compensan para un mes entero.


* Extra tip: el Happines Planner es una agenda que ayuda a encontrar momentos de felicidad. No la tengo ni suelo ser muy fan de estas ideas pero creo que es una edición bonita y que al fin y al cabo, está bien pensada y seguro que funciona. Podéis comprarla aquí.

4. Chocolate caliente y tés

Lo del chocolate caliente, deshecho, suizo o como prefiráis llamarle os lo dejo para vosotros; dichosos los que consiguen digerir la lactosa sin morir en el intento. Pero de vez en cuando también podéis uniros al club de los del té.

La cuestión, al fin y al cabo, es tomarse en una taza bonita una bebida calentita que requiera cierto tiempo de preparación. Así es más emocionante e incorporas un nuevo ritual de relajación a tu vida. Ajá, win-win.



5. Que estar en casa sea una buena opción

El día se acorta, los ratos de sofá y manta se alargan. Creo que una buena manera de ambientarse es buscar algo en lo que invertir todos esos ratos: haz un puzzle, pinta un cuadro, cuida un bonsai o construye la estación de bomberos de Lego. Hacer cosas en casa, con una sudadera comodísima, la calefacción encendida y un buen té (punto 4, sí) es ideal.

En mi caso, intento tejer o hacer ganchillo. La verdad es que hace un montón de años que empecé y ahora que está tan de moda es un gustazo comprar lanas y buscar patrones por internet. Os animo mucho mucho mucho a probarlo porque es uno de los mejores métodos de desconexión que conozco y porque es muy satisfactorio usar el cuello que tú mismo has tejido.



Pero vaya, que si nada de esto os ha servido o no tenéis suficiente, escuchad esta canción y estaréis en autumnal mood antes de que pasen los casi cuatro minutos que dura:



Y si llegados a este punto seguís sin conseguirlo podéis escuchar la lista que he creado en Spotify. Os confieso es lo que a mí realmente me ha ayudado a entrar en el otoño.






Hasta pronto,

X.








lunes, 28 de septiembre de 2015

Mis favoritos de septiembre

Os prometería que a partir de ahora escribiré unos favoritos de cada mes pero deep inside sé que no estoy en posición como para asegurarlo así que lo dejo en que me gustaría mucho escribir de forma consistente, por fin, una lista de las cosas que más me han gustado/más he usado durante cada mes.

En todo caso, estos son mis favoritos del mes de septiembre:



Al hacerme mayor he ido viendo la necesidad y el sentido de invertir en ciertas piezas que no sólo me hacen ilusión sino que sé que utilizaré un montón y que mejorarán con el paso del tiempo. Por eso andaba buscando una cazadora de piel negra. La búsqueda ha sido larga y complicada: quería algo cañero pero sin pasarse, una buena piel, con alguna cremallera y que fuera comodísima. No os lo creeréis (yo no me lo creía) pero la encontré en Colombia. De hecho la compré de una marca europea, así que no es tan raro. Debe hacer un mes y medio que la tengo y ya tengo esa sensación de habérmela hecho mía.



2. San Sebastián improvisado

"Niñas, ¿subimos este finde a Sanse?" Por supuesto, claro, sin dudarlo, sí, sí y sí. Sin haber sido mayor del todo tengo claro que una de las cosas buenas de ser joven (joven = con energía, con ganas, sin demasiadas responsabilidades pero con capacidad de decisión) es poder hacer los mejores planes sin pensártelo demasiado. Me he reído, he tirado mi dieta al traste (pintxos, señores, pintxos), he vuelto enferma y ahora quiero un poquito más a mis amigas.



3. Brocha Chanel n. 7 - Foundation/Powder

Descubrí esta brocha el invierno pasado y lleva siendo mi favorita desde entonces.  Es un poco una inversión pero si os hace ilusión tenerla os juro que va muy bien: es súper suave, se lava sin perder calidad y reparte el producto dejando un acabado súper natural. Yo la uso más con bases que con polvos compactos. 



* ¡Ojo! Comprarla no es facil: la encontraréis, si la tienen, en el Corte Inglés de Plaza Cataluña (aunque si la pedís en otros centros os la llevan, pero tardan unos días). Si no quedan os la encargan. 

4. Los de siempre

La fiesta mayor de Barcelona es cita obligada con los del cole. No fallamos. Y no hay nada mejor que empezar el curso como si aun estuviéramos en el colegio, con los de siempre. Además siempre pasan los mayores cotilleos del año (o de la década). Aunque pasen años y años y años, la confianza de millones de horas encerrados en aulas es imposible de borrar. 



5. Digestive Avena Choco

En el armario de las galletas de mi casa apareció este tesoro así por sorpresa. Soy adicta, creo. Son galletas tipo digestive (densas, grandes, de desayuno o merienda) hechas a base de avena y con pepitas de chocolate negro. Me en-can-tan. Va, probadlas.



6. GOT

Ajá, lo sé: I am late to the bandwagon pero qué queréis que os diga; me ha costado encontrarle la gracia a esta serie. Y además os diré que la primera temporada no me ha enamorado, que me enganché al final pero que vale, ahora me encanta. Creo que fueron los peinados y el acento británico.

¿Qué?, ¿me tiño?

7. Mi bolso Berta MM de Lupo

Fan absoluta de la marca, me hice con este clutch a principios de verano y no me lo he quitado de encima. Es súper versatil: lo uso para ir a la uni y para salir por la noche. Lleva incorporada una tira para cruzarlo como bandolera pero también puede usarse como cartera. La medida también es ideal porque no es el típico "bolsillo colgante", que digo yo: puedes meter todo lo esencial sin que quede demasiado abultado (cosa que me parece un horror y siempre intento evitar). 

El mío es en azul klein y aunque ya no está disponible, esta temporada lo han hecho en otros colores que también son espectaculares - y muy tentadores -.



8. Y porque no es facil responder preguntas cuando llevas demasiado tiempo dándole vueltas al mismo tema, porque no suelo encontrar los porqués ni los cómos, y porque me hace ilusión que hable del sitio donde vivo, me he pasado el mes escuchando esta canción.




Hasta pronto,

X.


jueves, 10 de septiembre de 2015

De lo que he traído de Colombia

Y como cada verano, llega el momento de aterrizar y volver a todo lo nuestro. Seguramente lo mejor y lo peor de viajar es volver a casa. Pero ya sabéis que tener la sensación de queder quedarse en un sitio, de no querer que algo acabe es la más interesante porque nos indica eso: que no queríamos volver, que no queríamos que se acabase y en definitiva que hacíamos algo que nos gustaba.

El viaje es un tiempo de pensar, conectar con uno mismo y conseguir relajarse sin parar quieto. Pero este año me iba sin habérmelo planteado realmente, simplemente me marchaba. Y ahora vuelvo con dudas despejadas  y con nuevas conclusiones que, la verdad, me encantan.

Colombia me ha enseñado que las clases sociales son aún una realidad muy presente y que, desgraciadamente, hay sociedades que se rigen por estratos entre los cuales las relaciones son complicadas. Me gusta la sensación de rechazo que me provoca esa división social porque me afirma en mi país "no estamos tan mal". Me gusta pensar que tenemos la idea de igualdad bastante integrada.

Hacía tiempo que quería leer 100 años de soledad (confieso humildemente que aún no lo había hecho, sí), y cuando supe que este verano estaría en Colombia pensé que sería acertado leerlo in situ. Y como dice mi padre adoptivo, en Colombia he aprendido que García Márquez escribía divinamente pero que el realismo mágico no es más que una descripción perfecta del país. Digamos que él escribía lo que vivía (¡y de qué manera!). Os juro que no es difícil imaginarse en Macondo.

En Colombia he llegado a la conclusión de que es el país con los cielos más bonitos del mundo. No sé si se debe a la altura o a algún fenómeno meteorológico (si alguien lo sabe que me lo explique) pero siempre hay unas nubes espectaculares. Y los atardeceres son insuperables.

Durante este mes he aprendido a apreciar el café. Pero no el café que conocemos aquí; no, no, no y no. Os hablo del café que es aromático y que no necesita ni leche ni azúcar. Ahora hasta distingo cuándo un café está demasiado tostado. También me ha quedado claro que pasar unos días en una Hacienda del Eje Cafetero es felicidad: hamacas, lectura, buena comida y, obviamente, café.

Siempre he sido una férrea defensora de la synchonicity pero ahora sí que sí, estando en la otra punta del planeta, he constatado que las casualidades son una ficción. Que nada pasa porque sí, que todo tiene una explicación, una razón. Que hay personas con las que siempre estás conectado y con las que acabas estando siempre en condición de igualdad.

Y sí, he tenido que ir a Colombia para entender que no hay nada mejor que tomarse una infusión con trufas de chocolate amargo cada noche. Y sí, también he tenido que ir a Colombia para aceptar que es verdad que, a veces, simplemente tienes que irte, marcharte, esfumarte.

Doy gracias a Colombia porque me ha conectado con cosas que hacía mucho tiempo que no encontraba, porque me ha dado momentos de absoluta felicidad, porque me ha reconciliado con la fe y porque me ha regalado una familia adoptiva que nunca llegará a imaginar lo muchísimo que me han ayudado.



Por si alguno se plantea ir, que por supuesto sería una idea brillante, please keep in mind que en Colombia, el riesgo es querer quedarse.

Hasta pronto,

X.

viernes, 21 de agosto de 2015

De las cosas en las que me gusta invertir

Me gusta mucho hacer listas. Sí, sí, sí admito que soy la típica que hace listas para todo. Listas de la compra, listas de cosas por hacer (TO DOs de toda la vida, vaya), listas de canciones que quiero escuchar con calma, listas de pelis y series pendientes por ver, listas de maleta... Oh estas me encantan: en ellas apunto todo lo que quiero meter en la maleta cuando me voy de viaje.

Otra lista que nunca me falta es la de las cosas en las que quiero invertir. La gracia de esta lista es que, en parte, no es perecedera porque obviamente hay cosas que uno compra de forma repetida a la vez que hay cosas en las que espero poder invertir siempre.

Me encanta invertir en viajes, libros, maquillaje, pintauñas, ropa y zapatos porque son cosas que me dan  satisfacción. Y se trata de una satisfacción muy individual y muy íntima. Me voy de viaje, leo, me maquillo, me pinto las uñas y me visto como si de un ritual se tratara. Son cosas que disfruto muchísimo y que me dan "espacios de mi" que necesito mucho. Intento hacer un viaje importante al año, que suelo preparar con antelación para así saborearlo durante más tiempo. Maquillarme y pintarme las uñas me despeja la mente de un modo asombroso y son placeres que puedo hacer muy a menudo. La ropa y los zapatos simplemente me gustan horrores. Y de leer no hace falta que os explique mucho.


Creo que es importantísimo tener un buen par de tejanos. Esos que te quedan muy bien, son comodísimos y te sirven de comodín en cualquier ocasión porque sabes ponértelos con una camiseta blanca o para salir de fiesta con un buen top encima. Sé que es una tarea harto complicada, pero yo tengo mucha suerte y ya tengo claras mis elecciones: los Jamie de Topshop y los Levi's 501 CT. Obviamente también creo que nunca se tienen suficientes camisetas blancas.


Siempre tengo una libreta bonita para apuntar cosas (bonitas). Intento llevarla conmigo o al menos tenerla en la mesilla de noche. La uso para hacer listas, apuntar cosas que pienso, objetivos que me pongo o básicamente para apuntar lo que sea. Me encanta releerlas con el tiempo. Aprendo mucho de mi misma. Si os da pereza cargar con una cosa más, podéis usar vuestra agenda para hacer lo mismo y así exprimir todo el espacio. Pero yo opto por la libreta bonita.


La música es una parte imporante de mi vida. Me cuesta hacer cosas sin tener música de fondo, cantar me cura cualquier mal día y por eso que invierto en una cuenta Premium en Spotify. De todos modos, en youtube hay listas buenísimas que sólo requieren inversión de tiempo.


Soy bastante maniática en el sector de los olores, bastante sensible. Me encanta y me rechicfla un buen olor y me hace vomitar (literalmente) un mal olor. Por eso me gusta la sensación de vincular un olor a una persona y creo que vale la pena invertir en un perfume y que sea tu perfume. Bueno, también creo que vale la pena tener el perfume de las ocasiones especiales - las hace más especiales. Últimamente me apetecía un cambio y, copiando deliberadamente a mi amiga C, he comprado See by Chloe.

Invierto mi tiempo en mis amigos, también. Soy de esas personas que necesita estar sola a diario: no me voy a la cama sin haber tenido mi tiempo - por eso invierto en viajes, libros, maquillaje, pintauñas, ropa y zapatos - pero mis amigos son un valor seguro. Son la inversión de tiempo, preocupación y desahogo más óptima, segura y rentable que hago. Estoy convencidísima.


Recomiendo a todo el mundo invertir, al menos una vez en la vida, en un perro. Ya os expliqué en I'm a dog person mi experiencia con los canes. Y más de un año después sigo igual o más convencida de que Haddock me da media vida. Es más terapéutico que cualquier psicoterapia, meditación u oración.  Hacedme caso.


Últimamente he invertido bastante tiempo escuchando esta canción:


Hasta pronto,

X.

martes, 11 de agosto de 2015

De lo que he estado pensando últimamente

Ni que decir falta que hace demasiado mucho que no escribía. Tampoco es necesario que os diga que esto de escribir va a rachas y, en mi caso, es una cuestión de pura necesidad. Así que aquí me tenéis, en Bogotá, con mi ropa de estar por casa (please no confundir con el pijama, nunca han sido ni serán lo mismo por cuestiones higiénicas y estéticas - en este orden), escribiendo. Por fin. Y espero que esta racha dure, dure mucho.

Hace tiempo que he llegado a la conclusión de que de algún modo soy alguien que no debería ser. Nunca me sentí adolescente y me daba vergüenza que alguien me catalogara como tal. Cuando al fin llegué a mis veinte, sí me sentí en de acuerdo con mi edad pero ahora creo que ya he agotado los early twenty y me apetece algo más. ¿Precoz? No, sólo curiosa por lo que Dios me tiene reservado a mí y sólo a mí.

En todo este tiempo también me he dado cuenta de que hay cosas que sí y hay cosas que no.

Cosas que sí (intentaré ser muy estricta con el orden):

- Sí al amor simple that you can't deny.
- Polos Lacoste muy viejos. A la vida sólo le pido eso, que no es poco.
- La nieve, debajo del edredón.
- El té.
- La frivolidad inteligente y culta (porque sino, no es frivolidad, es idiotez y falta de sensibilidad).
- Las sábanas limpias y planchadas cada lunes. Siempre acompañadas de ducha nocturna, pijama también limpio y cara muy hidratada.
- Barbas sí, pero nunca en exceso.
- La gente con picardía. Por gente entended hombres.
- Las camisas planchadas. Camisa no planchada no debería ser ni una idea, ni un concepto, ni nada de nada.
- La gente que sabe hacer promesas y las cumple.
- Chicos en moto. Por Barcelona. Que te miran a través de la visera yendo o volviendo del trabajo.   No hay cosa más sexy.
- El color azul marino.
- Ir a misa en secreto.
- Aprender a meditar sin conseguir levantarse cada mañana a las seis. Nunca confiaré en quien me jure y perjure que lo consigue.
- Sí a la expresión "es (muy) turbio". No puede gustarme más.
- Ser becario.
- El cashmere. Oh sí. Cashmere everywere: bufandas, jerseys, gorros, guantes y calcetines.
- Londres. En otoño.
- Chicos que tienen pinta de peperos pero que en realidad son catalanistas.
- Hombres que te abren las puertas.
- Las náuticas Sebago y las Birkenstock como zapatos de verano por excelencia. De toda la vida y para toda la vida.
- La gente que te sorprende y te hace odiarte por los perjuicios que irremediablemente tienes.
- El gustazo de ponerse el maquillaje por la mañana y quitárselo por la noche.





Cosas que no:

- Chicos y/o casas sin libros.
- La irracionalidad e impaciencia de las chicas que nos hace sufrir más de la cuenta. Respira, que todo se andará.
- Chicos que te regalan la luna desde el primer día. Nos gusta jugar.
- El gluten, la lactosa y la soja. Se ve que no puedo tomar nada de todo eso. Sí, acompañádme en el sentimiento.
- El olor a animal.
- Calcetines cortos pensados para hacer deporte + traje. Os juro que es un fenómeno real, increíble pero real. Que alguien lo denuncie, please.
- Las chicas divinas que se creen con mucha clase y no tienen ninguna.
- La gente que no sabe viajar.
- No cantar. Los que escuchan música sin cantar no son de fiar. Son turbios (ajá, ejemplo de lo que os decía antes).
- Bañadores y calzoncillos de lycra, que comprimen. OMG.
- El color lila.
- Las uñas sin cortar.
- Los zapatos malos y sucios.
- Las arañas. Sigo sin superarlo.
- Las pesadillas.
- La ropa interior gastada, vieja y mal cuidada. Por Dios, ¿a quién se le ocurre?




Y con el maravilloso Spotify he descubierto esta canción, que me tiene loca. Escuchad muy bien la letra:




Hasta (muy) pronto,

X.


miércoles, 24 de diciembre de 2014

La clave está en la burla


Pensamientos como mareas. Ideas como torbellinos. Sentimientos como tsunamis.

Los fuertes oleajes amenazan esa mar calmada desde hacía un tiempo.
Lo importante, no naufragar. Hizar las velas, atar bien los cabos o lo que sea que se hace cuando el mar está revuelto.
Me creí más debil que la tormenta. Luego comprendí que la burla le ofende y amaina con más rapidez.

Una voz grave le preguntó "¿quiere algo más?".  Se descolocó. Había estado inmersa en sus pensamientos. Cuanto rato debía haber pasado. ¿Horas? ¿Minutos? Le tomó unos segundos en resituarse. "Nada más, la cuenta por favor".Miró la servilleta donde había escrito todas esas ideas y sonrió, feliz por haberse reencontrado con la burla. La dobló con cuidado y la dipositó en el monedero. Ahora ya siempre más tendría la clave.

Yo me burlo de nosotros, los humanos. Los únicos animales capaces de  caer mil veces en la misma piedra.



Feliz Navidad


L.