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domingo, 4 de febrero de 2018

Sobre el trabajo

He llegado a la conclusión de que nuestra generación tiene una visión sobre el trabajo súper diferente a la que tenían nuestros padres. Nuestro mundo es mucho más grande, somos más flexibles y no tenemos miedo: "si no soy abogada, podré ganarme la vida de otra manera". Valoramos más nuestro tiempo libre y nuestras ambiciones personales (no tan profesionales). Entonces estancarnos en la vida de oficina nos frustra y nos enfada. Somos infinitamente menos fieles a las empresas que nos contratan: saltamos de sitio en sitio buscando el mejor postor, a ver quién nos da más. Sabemos que estamos muy preparados y queremos explotar nuestro potencial de la manera más óptima y positiva posible. Suena maravilloso pero la realidad, por lo que hablo con mis amigos, es que todos nos sentimos perdidos: tenemos tal obsesión en conseguir el trabajo perfecto (flexible, con tiempo libre, bien remunerado, creativo, internacional) y tenemos tantas opciones a nuestro alcance que nos bloqueamos y nos perdemos. 

Creo que nos estamos olvidando de algo importante: nos guste o no (y yo es algo que llevo ciertamente mal) el dinero es esencial, básico, imprescindible. Nos da estabilidad y nos permite hacer  lo que queremos. Y creo que camino a los treinta (cuando empezaremos a pensar en adquirir una vivienda, en formar una familia, en invertir en un negocio propio...) seguramente nos daremos cuenta de que sin un sueldo no podremos comprar la casa que nos gusta o en el barrio que nos parece cómodo y agradable, y muuuucho más importante: sin cierta estabilidad económica no podremos dar a nuestros hijos aquello que nos parece que es lo mejor. Como dice mi madre, el dinero, al final, nos da la posibilidad de escoger.  

Me da la sensación que, sin resignarnos a tener cualquier trabajo y sin acomodarnos en lo primero que encontramos, deberíamos empezar a pensar en que a lo mejor el trabajo que ahora mismo no nos da grandes satisfacciones ni nos da "la felicidad" en realidad nos puede aportar cosas igual o más importantes. Me da la sensación de que las prioridades nos irán cambiando y que deberíamos intentar positivizar tanto como podamos nuestro trabajo. A lo mejor no es nuestra gran vocación, a lo mejor no nos da flexibilidad horaria, a lo mejor no tenemos muchos días de vacaciones...pero oye, nos permitirá llevar a nuestros hijos al colegio que nos parezca bien, o simplemente nos permite ahorrar un poco cada mes para ir construyendo un futuro.

He hecho un cambio de chip. Ya no estoy obsesionada en que no sé qué quiero hacer, ni qué quiero ser. Ya no me estanco en el "solo sé que esto no me llena ni me hace feliz". Esta búsqueda me generaba una ansiedad terrible y me sentía perdida: no sabía ni por dónde empezar. 

Ahora mi objetivo es centrarme en estar muy cómoda haciendo lo que hago. Quiero continuar aprendiendo y, sin olvidarme de que el trabajo es uno de los pilares de mi vida y que es importante que nos guste mínimanente, intentar positivizarlo pensando que me ofrece la oportunidad de poder tener la vida que quiero. Yo, por ejemplo, soy muy creativa. Estar en una oficina hace difícil explotar esa parte de mí y eso me frustra. Ahora intento dedicar mi tiempo libre a pintar o escribir. También dedico mi tiempo libre a satisfacer mi ambición trabajando en proyectos que me dan alas y oxígeno para poder llevar mejor mi vida de oficina. 

La clave está en limitar el papel que el trabajo tiene en nuestras vidas. Mi gran cambio fue conseguir (y madre mía lo que me costó) que mi trabajo no ocupara el centro de mi vida: aunque entre semana me tome la mayoría del tiempo y de la mente, mi cambio de chip ha sido radical: el trabajo es eso, trabajo. Le dedico toooooodo mi esfuerzo y ganas pero solo entre semana. El sábado y el domingo me los tomo para mí. Ya sé que suena muy obvio pero yo, aunque no estuviese físicamente trabajando en fin de semana, le dedicaba mucho tiempo de otras maneras: hablaba de mis compis, de mis jefes, de lo que más me molestaba y de lo que odiaba con todas mis ganas. Ahora no gasto ni un minuto de mi finde en hablar de curro: me niego. 

Ojalá consiga balancearlo todo. Ojalá pueda disfrutar de mi trabajo aunque no sea mi gran vocación.  Ojalá aprenda realmente a compartimentar y pueda separar mi tiempo libre del tiempo de trabajo. Creo que en unos pocos años valoraré tener una estabilidad que me permita ir consiguiendo todo lo que quiero y darle a mis hijos aquello que me parezca mejor.

No os penséis que me resigno; al contrario. Precisamente porque somos una generación valiente y mucho más independiente creo que tenemos que ser capaces de valorar lo bueno de cada cosa. No tengamos miedo: si vale la pena empreder, emprederemos; todo llegará. Tenemos criterio suficiente para decidir cambiar radicalmente de profesión si lo que hacemos ahora mismo no nos gusta nada. Todo ello sin olvidar qué queremos conseguir y que seguramente el trabajo, aunque no sea ideal a primera vista, acabará siendo perfecto porque nos permitirá llegar a ello.  


¿Qué creéis vosotros?, ¿cómo enfocáis vuestra vida profesional?

Hasta pronto, 

X.
 

lunes, 29 de enero de 2018

Sobre cómo ahorrar

Después de dos años y pico trabajando (sin contar periodos de prácticas), creo que he perfeccionado una buena técnica de ahorro. La verdad es que no tiene ningún misterio pero como a mí me costó aprender a ahorrar y ahora estoy contenta de poder tener un rinconcito en el banco, he pensado que os podría interesar. Estos son los puntos que necesitáis saber:

1. ¿En qué gasto habitualmente?

Hace no más de un año me di cuenta de que no tenía ni idea de lo que gastaba cada mes. Tenía claro que no gastaba todo lo que ganaba (thanks God) pero tampoco sabía muy bien cómo podía ser que gastara tanto dinero en solo unas semanas. 

Para solucionar esa situación de absoluta ignorancia sobre mis finanzas, lo primero que hice fue apuntarme durante un par de meses todo (y cuando digo todo es TODO) lo que gastaba. De esta manera conseguí dos cosas: 

1) descubrir exactamente cuáles son mis gastos fijos: puede parecer mega fácil saber cuáles son las facturas que te llegan cada mes sin excepción pero al menos a mí se me olvidaban cosas (la cuota del colegio de abogados, spotify, gasolina...) y 

2) descubrir mis "conceptos" y más o menos el dinero que gasto en cada uno de ellos. 

2. ¿Cuáles son mis "conceptos"?

Te recomiendo que una vez hayas analizado cuáles son tus gastos, intentes dividirlos en conceptos o categorías. 

En base a la vida que llevo, divido mis gastos en las siguientes categorías: 

- comida: súper y mercado
- piso: alquiler, limpieza y gastos extras sobrevenidos 
- comidas fuera de casa
- médicos: mutua, fisioterapia, farmacia, dentista 
- cuota mensual de móvil
- gasolina y peajes
- yoga
- extra para mí: ropa, cine, conciertos, excursiones

Esta clasificación ayuda mucho a ver en qué gastamos más y dónde podemos ahorrar; ahora veras por qué.  

3. ¿Cuánto es razonable gastar en cada concepto?

Esta es mi parte favorita: una vez hayas analizado tu manera de invertir el dinero, asigna una cantidad a cada uno de tus conceptos.  

En mi caso, me puse un challenge a mí misma e intenté reducir los gastos que me parecían ahorrables: reduje lo que gastaba en ropa, en belleza y en comidas fuera de casa. Eso sí, la clave de todo fue fijarme una cantidad que pudiera cumplir (con un poco de esfuerzo y siendo consciente de cada euro que gasto) pero que me permitiera vivir cómo a mí ahora mismo me apetece.

El total de estas cantidades asignadas a cada uno de los conceptos son, para mí, mis gastos "fijos". Por lo tanto, según si quiero ahorrar más o menos me permito tener cantidades asignadas a ciertos conceptos o no. 

Lo bueno de este método es que te permite decidir exactamente cuánto quieres ahorrar y cuánto dinero gastarás sí o sí. Puede que para tí comprarte cremas de la cara, ir al cine o comprarte libros sea súper importante y por lo tanto tiene sentido que asignes una cantidad a ello para contarlo como un gasto que harás siempre. Puede que tengas en mente un viaje o mudarte de piso, entonces valdrá la pena que asignes una cantidad mensual a esa inversión. Cuando ya hayas pagado lo que toque, vuelves a eliminar ese concepto de tus "gastos fijos".

4. Qué hago con el resto de dinero: ahorro

Con el total de mis gastos fijos me sobra una buena cantidad de mi sueldo. Parte de esa cantidad va directamente, vía transferencia programada, a mi cuenta de ahorro. Esta cuenta es INTOCABLE a no ser que tenga un gasto muy extraordinario. La gracia es programarla para que sin darte cuenta dejes de poder disponer de esa cantidad en tu tarjeta de débito. 

Hay quien se fija una cantidad de ahorro muy pequeña para poder cumplirla siempre. Yo calculé un mínimo que, en base a mi sueldo, considero que debo ahorrar sí o sí. A partir de ahí lo que hago es modular la cantidad de ahorro dependiendo de si estoy en una época en la que mi prioridad es ahorrar por ahorrar o si necesito acumular dinero para pagar un viaje o cualquier otro proyecto que requiera una suma importante. Dicho de otra manera: puedes crear tantas huchas como quieras pero te recomiendo que calcules un mínimo de ahorro intocable que cumplas bajo cualquier circunstancia (más que nada porque ese es el ahorro real). 

Importante: guarda siempre una cantidad para imprevistos. Cada mes ocurre algo. Siempre, siempre, siempre.  

6. Extra para mí y mi wishlist

En mi Excel, al ladito de mi cuadro de gastos fijos, tengo un listado de todas las "cosas que quiero o necesito" en el que voy añadiendo eso: toooodo lo que me gustaría o que necesito comprar y que no está contemplado en mis gastos fijos. Apunto también su precio. Para que me entendáis, ahora mismo tengo listado: un perfume, cable cargador para el Iphone, mi crema hidratante y el fin de semana en París que tengo previsto para final de mes.

Este método me va genial porque me permite ir repartiendo los gastos mes a mes teniendo siempre en cuenta como tope máximo la cantidad que he asignado al concepto de "extra para mí".

7. Mi herramienta favorita

En mi camino hacia el ahorro he probado apps de todos los colores. Supuestamente te ayudan a entender cómo gastas y en qué gastas pero me molestan tremendamente las mil notificaciones que te envían diariamente. 

Como casi siempre en la vida, lo clásico es lo que va bien: Excel es la solución. Un documento sencillo, súper fácil de modificar y muy visual.

8. Conclusiones

- Lo más elemental es entender en qué gastamos para poder saber en qué podemos ahorrar. 

- La gracia de los "conceptos" es que se adaptan súper fácilmente a nuestras necesidades y pueden añadirse o eliminarse según queramos ahorrar más o menos. Cada uno escoge cuáles son sus gastos fijos.

- Asignar una cantidad concreta a cada "concepto" permite gastar razonablemente pero de forma muy consciente y controlada. 

- Hacer una lista de cosas que queremos o necesitamos ayuda a repartir el gasto y a ahorrar cada mes con cierto margen para caprichos. 


    Ejemplo de cálculo 


*En verde sombreo los gastos de mi wishlist que ya he hecho.

Desde que sigo este método me siento mucho más organizada y responsable y estoy tranquila porque sé que guardo parte de mi sueldo y que eso me permitirá hacer toooodo lo que me hace ilusión: comprar la lámpara que tanto me gusta, viajar cada verano, comprar algo de ropa... Y todo ello sin despilfarrar. 

Espero que os sirva y que me contéis cómo organizáis vuestras fianzas.

Hasta pronto, 

X. 

domingo, 14 de enero de 2018

Sobre mis aprendizajes del 2017

Este mediodía, comiendo con unas amigas, hemos recordado los millones de cosas que nos han pasado durante el año 2017 y nos hemos reído al recordar las tantísimas cosas (buenas y malas) que me han ocurrido, y es que este año más que nunca ha sido un auténtico Dragon Khan.

Y que te pasen cosas implica tener que aprender. Esto es todo lo que yo he aprendido: 

1. Que las dietas sin el mindset correcto no funcionan. Que el cuerpo es listo y terco y no siempre es factible dominarlo. Intenté adelgazar durante el 2016, fue un martirio y además me fustigaba por no conseguir seguir la dieta que me proponían. Para el 2017 me propuse volver a comer con calma y sin presiones. He podido comprobar que desde la tranquilidad y sobre todo comiendo TODO lo que me ha apetecido, he adelgazado y he conseguido volver a sentirme cómoda conmigo misma. 

2. Que hay personas que ni evolucionan ni cambian por mucho que nosotros nos empeñemos en confiar en que lo harán. Por mucho que nosotros nos esforcemos en tolerar ciertas actitudes y en hacer ver que no ocurren. He aprendido que la mejor arma que podemos adquirir un buen trabajo personal que nos permita fortalecernos, madurar y ser más conscientes de las cosas, entender a los demás y reaccionar de forma proporcional a los problemas. Además, hay relaciones que no valen la pena. Y punto. 


3. Que el amor es muuuucho más fuerte que las piedras que las parejas se van encontrando en el camino, aunque es cierto que es imprescindible trabajarlo y cuidarlo, darle prioridad. He entendido que la clave de cualquier relación de pareja es poder empatizar con el otro, contextualizar para conseguir relativizar y ceder, (casi)siempre ceder: ponerle a él o a la relación por delante de tí, de tus proyectos y de tus ilusiones. 


4. Que yo, sin mis válvulas de escape no puedo vivir: pintar, escribir, subir un fin de semana a la montaña o pasar unos días en la Costa Brava son bolsas de oxígeno que me dan fuerza para sobrellevar todo lo que tengo encima (que no es poco). Hay circunstancias que simplemente no podemos cambiar porque no dependen de nosotros y es importante aprender mecanismos que nos permitan llevarlas mejor. 


5. Que el trabajo puede llegar a ser una preocupación enorme que puede llegar a angustiar. Mi lección apredida es que hay que ser valiente para no parar de buscar el lugar en el que nos sintamos a gusto, valorados y realizados. Maybe ello requerirá varios intentos y cierto tiempo pero no vale la pena dedicar tantas horas a un proyecto que no nos llena ni nos satisface nuestra ambición. 


6. Que asumir y aceptar que ODIO ir al gimnasio es un descanso enorme: me ahorro el dinero que vale y sobre todo (y más importante) me ahorro la auto-presión de pensar que debería ir y no estoy yendo. En 2017 decidí desapuntarme del gimnasio en el que llevaba años apuntada y ¡qué alivio! Tengo muchas ganas de tener más tiempo y unos horarios más flexibles que me permitan encontrar un buen centro donde hacer yoga. 



Hasta pronto,

X. 

domingo, 12 de noviembre de 2017

Sobre la crisis de los 25


Si sois un poco como yo a menudo os encontraréis agobiados por sentir que no llegáis a nada, que estáis en todo pero en realidad no conseguís disfrutar de los planes ni de las personas, que el cansacio se os come y que llevar una vida organizada es misión imposible. Como persona autoexigente y perfeccionista que soy, sufro demasiado de todo lo anterior pero creo que tengo algunas claves para todos los que queráis conseguir un poco de estabilidad y paz con vosotros mismos: 

1. Haz una lista de las cosas por las que estás agradecido

Coge tu libreta favorita (seguro que tienes mil en casa) o abre la app de "notes" del móvil y empieza a listar todas las cosas buenas de tu vida: tus amigos, tu familia, los paseos con tu perro, poder comerte un frankfurt cuando vas a Ikea, saber cocinar, saber querer, el olor de casa de tus abuelos... 

Cuando te sientas perdido y desconectado de la realidad, cuando tengas un día de vacío total en el que no te reconozcas, reléete la lista y con calma ve repasando todos sus puntos. Es importante ser muy consciente de todo lo que tenemos y a veces una tontería así te hace el día. 

Si quieres ir un nivel más allá, te recomiendo muchísimo el Happines Planner: un diario pensado y diseñado para conseguir ser más feliz en 100 días. Conlleva un poco de dedicación diaria (unos cinco minutos cada noche) pero ayuda muchísimo a reflexionar sobre el día, fijar objetivos para el día siguiente y priorizar las preocupaciones. Además tiene un diseño perfecto. Es un buenísimo regalo de Navidad. 

Agradezco infinito tener tiempo para dibujar

2. Busca tu propio espacio

Tu familia es tu punto de referencia, seguramente tu modelo a seguir pero no sabes por qué sientes que empiezas a necesitar tu espacio y poder escoger qué cenas, qué marca de pasta de dientes vas a comprar y si las sábanas se cambian los lunes o los viernes.  Si puedes permitírtelo, piensa en independizarte: crear tu habitación, tu piso, es una perfecta manera de definirte y de tomar decisiones propias y reales, que se materializan. 

Si no estás en el punto de marcharte de casa de tus padres, dedica al menos un par de horas a la semana a estar en un lugar que te sea muy confortable (tu habitación, el cine, el parque de delante de tu casa, tu librería favorita). 

Reencontrarse y poder parar un poco el ritmo es vital. 

Para mí los libros y los colores neutros son imprescindibles 

3. Prioriza

Trabajar es todo un mundo y puede ser muy complicado aprender a compatibilizar el estrés laboral con nuestra vida privada, personal. Ya sé que no os descubriré América pero a mí me va genial hacerme listas de TO DOs tanto en el trabajo como en mi vida personal. Ello me ayuda a no olvidarme de mis aficiones y a buscarles tiempo a mis amigos y mis actividades favoritas. ¿No os pasa que el domingo por la noche tenéis la sensación de haber tirado el finde? 

Para mí es importantísimo priorizar las personas y los planes. Sintiéndolo mucho, sólo me apunto a lo que realmente me apetece y muevo cielo y tierra para poder ver a mis personas favoritas. Un truco: dales preferencia a todas las cosas, sensaciones y personas que has listado en tu "lista de cosas por las que estoy agradecido" para tenerlas más presentes.

Un brunch el domingo con tu madre es una buenísima prioridad

4. Aliméntate bien (y tómate unos vinos amenudo)

Nuestro cuerpo se merece que le aportemos los nutrientes necesarios y de la mejor calidad que podamos permitirnos. Las semanas son largas y comer bien ayuda a nuestros cerebros a funcionar mejor. Si consigues comer bien sentirás que tu vida está ordenada y los niveles de energía te empezarán a aumentar, te lo aseguro. 

¿Cómo conseguirlo? Yo suelo dedicar una mañana de mi fin de semana a cocinar para toda la semana. Así evito comer fuera de casa y ahorro tiempo entre semana. Lo tomo como un rato que me dedico a mí misma, a cuidarme. Lo categorizo como un lujo, lo digo de verdad. 

A la vez, no seas ni muy duro ni muy estricto contigo mismo. Vete a tomar unas birras después del trabajo y reserva mesa en ese restaurante que te comentaron el otro día. Cena una pizza el martes si ha sido un día horrible y compra un Panettone, que ya puede considerarse que ha empezado la época. 

Come muchas verduras y de muchos colores 

5. No pasa nada si no sabes quién eres

Terminamos la universidad y se supone que tenemos que ser mega felices siendo economistas, abogados o periodistas. La realidad es terrible porque al empezar a trabajar a más de uno y de dos nos ocurre que no vemos tan claro que eso para lo que hemos estudiado y luchado pueda ser nuestro trabajao de "para siempre". 

Sentirse perdido y no reconocerse a uno mismo es complicado y da miedo. No saber a qué dedicarse ni saber si quieres ser vegano o te gusta demasiado el steak tartar como para dejar te comerlo produce vértigo. No saber lo que te define y sentir que no eres bueno en nada en particular es asfixiante. Calma, no pasa nada. En realidad todas estas dudas forman parte de nosotros, son nosotros y nos definen. Las idas y venidas, las pruebas, los "pongo un parche aquí y ya veré lo que hago en un año" nos ayudan a descartar y en realidad son parte de nuestro camino. Ni que decir cabe que de cualquier experiencia se aprenden cosas: absolutamente todo nos va configurando. Lo único que hay que entender es que lo que hemos estudiado, lo que hasta ahora nos gustaba y de repente no sabemos si nos llena como lo hacía antes no es lo único que somos nosotros: cambiamos y evolucionamos y ello implica dudar y sufrir por equivocarse, tener pavor al fracaso. 

Poco a poco iremos encontrándonos y sin darnos cuenta las cosas tendrán sentido. Pero ello solo ocurrirá si aceptamos que no seremos una sola persona toda la vida, que podemos cambiar de gustos y de manera de vestir, de amigos, que podemos cambiar de profesión tantas veces como queramos y todo ello configurará nuestra persona y lo único que conseguiremos es ser mejores y más redondos.

Tenemos mucha suerte de pertenecer a una generación muchísimo más flexible, abierta y adaptable que la de nuestros padres. Deberíamos darnos cuenta de lo brillante que es que seamos tan ambiciosos y que no nos conformemos con un sueldo estable y un trabajo "serio". Somos valientes por plantearnos cobrar menos dinero y querer dedicarnos más horas a nosotros y a nuestras aficiones.

Date tiempo 


Escuchar esta canción me ha hecho la semana más fácil



¿Y vosotros, cómo lo hacéis para combatir la crisis del cuarto de siglo?


Hasta pronto,

X. 

domingo, 24 de julio de 2016

Sobre cómo asimilar

Hay días, semanas, meses que pasan sin pena ni gloria; que simplemente se deslizan por nuestro tiempo y los dejamos perder. Como si nos sobraran, como si fueran infinitos. Os he comentado más de una vez que odio tener la sensación de que no hago algo que vale la pena con mis horas y precisamente por ello lucho contra la tendencia que todos tenemos (o eso quiero creer) de no asimilar cada cosa o cosita que nos pasa. De ello viene mi obsesión de celebrarlo absolutamente todo y de fijar como loca fechas señaladas en mi calendario y en mi agenda (suelo apuntarlo en más de un sitio para ayudarme a ser consciente del evento): no cada día puede ser espectacular pero sí es verdad que debemos esforzarnos en gozar de los ratos o las épocas que, sea por lo que sea, devienen especiales. 

Todo esto os lo cuento porque este mes de julio ha sido totalmente trascendental para mí. Y lo ha sido sin darme cuenta. Porque igual que la vida a veces nos ofrece días planos, repetitivos y rutinarios y somos nosotros los que tenemos que luchar para llenarnos los minutos, a veces parece que los astros se alineen y todo ocurre de pronto y a la vez. Y todo tiene sentido y es congruente. Entonces te das cuenta de que no estás acostumbrado a que todo vaya rodado, y cuesta hacerte tuyos los momentos naturales y fluidos. 


Este mes de julio he conseguido colegiarme en el Colegio de Abogados de Barcelona. Os parecerá un puro trámite burocrático y de hecho podría serlo pero resulta que para nada lo es: después de 4 años de carrera, un año de máster, un examen estatal y un montón de papeleo infernal he conseguido, por fin, ser abogada. Y ya no hay vuelta atrás, esto ya nadie me lo quita. Es lo que soy, y cómo me gusta.


Durante este mes de julio, casi sin darme cuenta, por impulso y con una felicidad genuina que echaba de menos he decidido independizarme (wait, what?): he buceado por las webs inmobiliarias durante horas y horas y he tenido un golpe de suerte que aún ni me creo que ha permitido que ahora mismo esté sentada en el salón de mi nueva casa, que es ideal y monísimo. Y de pronto me encuentro cada dos por tres pensando en los viajes a Ikea que tengo que hacer, y en los domingos que pienso invertir merodeando por Mercantic. Y de pronto sólo pienso en sábanas y toallas, en los menús de la semana. Y de pronto tengo millones de ganas de arreglar la terracita para poder organizar las mejores veladas de primavera y verano. Y de pronto me encanta levantarme cada mañana en mi nueva habitación, que aún tiene que cambiar mucho pero que ya es casi perfecta, y abrir mi balconcito. 


En julio he podido irme un fin de semana a Roma con mis tíos y he compartido con ellos los nervios y la emoción de ir a un concierto de Bruce; las ganas locas de saber con qué canción empezará, dónde de la pista conseguiremos situarnos y si tocará o no esa canción que nunca me ha tocado en directo (y la tocó, por supuesto). He tenido el auténtico lujo que significa estar totalmente consentida durante tres días, en una de las ciudades más bonitas por las que nunca he paseado, tomar los mejores gelattos a base de soja (realmente los italianos me estaban esperando) y devorar la pasta más simple y deliciosa ever. He llorado de pena y de felicidad en las 3h55min de conciertazo que Bruce nos regaló, en pleno Circo Massimo, bailando con todas mis ganas y dejando que cada una de sus canciones hiciera su efecto en mí. Y terminé saltando y levantando polvo con un Shout inacabable (como siempre) y divertidísimo con mi amiguísima L. 


También con mi amiguísima L me planté un viernes por la tarde en el Festival Cruïlla, arrastrando el cansancio de toda la semana y emocionadas, cerveza en mano, por vivir más de un concierto a la vez, sin colas y con menos aglomeraciones. Y sobretodo me he tirado horas y horas hablando con ella de lo que nos gusta y nos cuesta hacernos mayores. 


El penúltimo fin de semana de julio lo he pasado en la Costa Brava. Celebrando la dicha que tengo de haber pasado todos mis veranos entre el agua verde y las rocas, y con una de las personas que el año 2015 me regaló, charlando sin parar, yendo con la moto de cala en cala y dejando que el sol nos tostara la piel. En el moreno no he conseguido (ni conseguiré) ganar pero estoy tranquila porque ya he roto ese color blanco que tan poco me favorece. 


Increíblemente, a mitades de julio me dijiste que igual no valía la pena, que no habíamos conseguido dejar de hacer el tonto y que no era necesario que te contestara ese último mensaje. Y también increíblemente te hice caso y no respondí. A finales de mes no lo has podido resistir y me has escrito. Porque las noches de verano, aunque se pasen en la Costa Brava o se pasen en Philadelphia, son siempre nostálgicas y un poco solitarias. Y lo bonito es que no te hayas podido aguantar. Porque lo que tiene que ser, sencillamente es. Porque en realidad me da un poco lo mismo lo que me digas si luego haces lo que haces.


Y después de todo esto, toca afrontar que mañana es el último lunes del curso porque es mi última semana antes de vacaciones. Y eso no significa otra cosa que afrontar que soy verdaderamente adulta y trabajadora y que mi verano se ha reducido a fines de semana de julio maravillosos y a tres semanas de agosto que me sabrán a gloria. 


Y porque la vida nos sorprende aunque creamos que lo tenemos todo bajo control, creo que vale la pena dejar que días, semanas, y meses sobrecargados vengan así, llenos de cosas. Porque las noches de nervios positivos y de tener la cabeza sin poder parar de pensar en todo lo bueno que nos viene y en todo lo que hemos trabajado para que nos llegue son las mejores. Y porque la cara de felicidad de las personas que te quieren cuando les cuentas lo feliz que eres vale oro. Y porque de repente todo tiene un poco de sentido y eso tranquiliza, alegra y sobretodo da fuerzas para asimilar todo lo congruente que puede ser nuestro día a día. 

 

Hasta pronto, 

X.

lunes, 16 de mayo de 2016

Sobre las claves de nuestra tranquilidad (y Bruce Springsteen)

Supongo que funcionamos por metas y objetivos, y que nos es mil veces más fácil ir pasando los días y las semanas cuando tenemos una fecha en mente que nos da el empujón que necesitamos en momentos odiosos del día a día, como cuando tenemos que sacarnos de encima de una vez por todas ese to do que hace (demasiado) tiempo que aplazamos o cuando vemos en nuestra agenda que al día siguiente tenemos que ir a hacernos un análisis de sangre.

En el mundo ideal tendríamos una de esas meta cada día, ya lo sé, pero yo intento no hacerme trampas al solitario de modo que acepto e intento vivir con tranquilidad el hecho de que no cada día va a ser maravilloso y espectacular. No es verdad que todo nos puede emocionar ni llenar al mismo nivel como tampoco es verdad que no podamos encontrar pequeñas recompensas a diario, que sin duda hacen que todo tenga un poco más de sentido. Lo que ocurre es que hay personas, cosas y actividades que de forma mucho más genuina e inconsciente nos provocan placer y plenitud: felicidad. Y ello es bonito, creo. Por eso, sí, busco recompensas que me ayuden a hacer las cosas con más ganas. Al fin y al cabo, como siempre, se trata de saber disfrutar del camino. 

En una de esas, ya hace unos meses, compré - después de mucho sufrir - unas entradas para ir al concierto de Bruce Springsteen en Barcelona. Sería absurdo y muy poco inteligente por mi parte haber disfrutado del evento sólo durante las increíbles 3 horas y 40 minutos que Bruce nos regaló el sábado así que llevo desde entonces preparando y disfrutando el concierto. Me pasa lo mismo con los viajes, que intento alargarlos preparando la maleta días antes de coger el avión, y con las cenas con mis amigos, que intento disfrutar también días antes decidiendo a qué restaurante ir y dónde tomar la copa de después.


Encontrándome en un momento de mi vida en el que estoy creciendo a marchas forzadas y a menudo se me para el tiempo intentando despejar dudas que mi cabeza me repite casi en bucle, las letras y la música de Bruce me inspiran y me ayudan a vivir la edad que tengo, que es de lo que verdaderamente tengo ganas. 

Me cuesta horrores poner todo esto en palabras pero en realidad creo que se trata de algo tan simple como que Bruce explica muy muy bien los concepto: de Fe, de Tierra Prometida y de Amor. Seguramente las claves de nuestra tranquilidad. 

Se me hace complicado entender la vida sin Fe, y no sólo me refiero a la Fe religiosa, sino al sentimiento de esperanza y de fuerza que es indispensable para saltar según qué precipicios. Por ello creo que mi canción favoritísma no puede ser otra que Thunder Road, que me obliga a acordarme que vale la pena "tener un poco de fe, porque hay magia en la noche" (“show a little faith there’s magic in the night”). También por ello creo que no hay canción que me calme más que Devils and Dust, que me enseña lo peligroso que es tener miedo, o Atlantic City que me devuelve la esperanza porque “everything dies, baby, that’s a fact; but maybe everything that dies someday comes back”.

Tampoco creo que vida tenga mucho sentido sin la búsqueda de la Tierra Prometida: el estado ideal que nos hace ser críticos con nuestra realidad y nos empuja a perseguir la excelencia en todo lo que hacemos. Tengo mis dudas acerca de si estaría donde estoy, de si habría llegado hasta dónde he llegado sin haber escuchado millones de veces Born to run, que me ha dado valor para tomar decisiones sin mirar atrás “riding out tonight to case the Promised Land”. Por no contaros que casi cada vez que me siento en el coche me pongo The Promised Land, que me hace darme cuenta de que todo se solucionaría si consiguiera apartar de mi realidad todo lo que duele.

Y por supuesto creo ciegamente en que el Amor da sentido a casi todo lo que hacemos. Y me encanta que Bruce lo explique con historias que transmiten cómo es el motor que nos mueve y nos hace hacer y jurar cualquier cosa, como cuando cuenta la historia de un chico que le dice a una chica “‘cause if you are brave enough for love, baby I’m tougher than the rest”, que resume perfectamente cómo somos capaces de entregarnos y suplicar por ser correspondidos. O I got a crush on you, que desprende la felicidad de darse cuenta de estar enamorado.

Diría que lo bonito de sus canciones no solo es que son intemporales, sino que toman un significado distinto según vas creciendo: ayudan a entender la vida. Algunas se amoldan a tus dudas y otras te acompañan en tus momentos de máxima felicidad. Y eso no tiene precio. Diría que lo diferente de su música es que explica historias y transmite valores, tiene sentido y es coherente. Diría que lo maravilloso de sus letras es que ofrecen auténticos mantras, verdades absolutas: refugios a los que es súper fácil acceder (tan simple como escuchar su canción).

No soy experta ni en antropología ni en sociología (aunque me encantaría) pero por lo que he aprendido de mi experiencia y de la de los que me rodean, tengo claro que los referentes ayudan. Que tener la figura de alguien con quien inspirarse es una suerte porque hace el camino más fácil y sobretodo más seguro: cuando confías en una idea, en unos valores, y los usas para tomar decisiones o recurres a ellos cuando necesitas algo que te guíe sabes que las posibilidades de hacer lo correcto son altas. Y ello sencillamente porque estás siéndote fiel a ti y a tus convicciones. 

La noche del sábado fue sublime, una fiesta en toda regla. No todos los días ni todas las noches son así de intensas y está bien que así sea: al menos yo sería incapaz de digerir tanto en tan poco tiempo. Parte de la gracia de los picos de felicidad es precisamente eso, que son picos. Si se convirtiesen en algo habitual perderían fuerza, quedarían diluidos. Y es que en esta vida, como dice mi amiga E, todo es relativo, ¿no?




Hasta pronto,

X

domingo, 17 de abril de 2016

Sobre las cosas sin las que ya no puedo (ni quiero) vivir

Lo bueno de empezar a acumular experiencia es que construyes y desarrollas criterio, elementos de comparación y por lo tanto capacidad de elección.

Esa es la razón por la que desde hace unas semanas he ido pensando y detallando las cosas sin las que puedo, ni quiero, vivir. Y no, no puedo vivir sin ninguna de ellas seguramente porque no quiero (ya sabeis lo mucho que creo en la fuerza de nuestras mentes). Y me da lo mismo no poder, porque al fin y al cabo he sido yo, myself, moi-même quien ha hecho el ejercicio de darles el visado definitivo entre mis rutinas. Así que, gozad de las cosas que tienen dicho privilegio:

1. Trabajar

Al margen de que adore o no mi trabajo (lo adoro, yes, indeed), tengo claro que de algún modo, con mayor o con menor intensidad, según las circunstancias, quiero que el trabajo forme parte de mi vida.

El trabajo no solo dignifica, sino que aporta autoestima, adrenalina (a veces hasta bilurrubina) e independencia. Tener un proyecto propio y horas en las que obligamos a nuestro cerebro a focalizarse en algo concreto, es un privilegio que quiero conservar.

Y si además os pasa como a mí y tenéis la suerte de trabajar en un sitio donde los jueves se intenta ir a hacer unos gintonics sin éxito y donde los appointments en Outlook para comprar billetes de avión para ir un fin de semana al sur se posponen infinitamente, simplemente, por falta de tiempo; tendréis dos privilegios extras:

a) desarrollaréis una capacidad de reiros de vosotros mismos alucinante; y sobretodo
b) os asegurareis la comprensión y los puntos de conexión que solo se pueden tener con quien ha decidido dedicar prácticamente todo su tiempo a lo mismo que tú.


2. El aceite Midnight Recovery Concentrate de Kiehl's

Podría mentiros y deciros que hace taaaaanto tiempo que lo uso que casi ni me acuerdo de cuándo empecé a ponérmelo pero mentir no me gusta. Visualizo perfectísimamente el día que me lo compré, la ilusión que me hizo y lo mucho que aluciné con sus resultados.

Me enamoró su packaging: un botecito de cristal, azul marino (una de mis debilidades) y con un dosificador en forma de pipeta. Todo antiquísimo, de calidad y gustoso.

Te cuentan que se trata de una mezcla de aceites esenciales (todo natural, claro) de la que tienes que aplicarte tres gotitas, con cuidado y en todo el rostro cada noche antes de ir a dormir. Huele espectacular y relajante.

Os prometo que al día siguiente la piel amanece mucho más hidratada, presenta un color más uniforme, brilla y en definitiva tiene un aspecto súper renovado, natural.


3. El pescado

En búsqueda y captura de los alimentos que me sientan bien y digiero con facilidad, doy el primer puesto al pescado. No sé ni de qué me sorprendo, si el mar siempre me ha salvado y si he tenido el privilegio de cenar pescadito fresquísimo cada verano.

Es ligero, sabroso y puede cocinarse de tantísimas maneras que uno no tiene excusa: al horno con patatas, cebolla y tomate (mi preferida), al vapor, a la plancha, rebozado,...


4. Mi moto

En Barcelona es un indispensable. Una vez la tienes ya no hay vuelta atrás y se convierte en una extensión de tu cuerpo sin ni preguntártelo. No pide permiso: te facilita tanto las cosas, te ahorra tanto tiempo y tanto dinero que no tienes más remedio que arrodillarte ante ella y regalarle tu seguridad. 

Pues bien, la mía además de por todo eso, me encanta porque es negra (con destellos azules súper sutiles, of course), no pesa, es agil y bastante cañera a la vez que femenina. Lo único que me falla es no poder condirla de lado, a lo años cincuenta, sobretodo cuando llevo vestido o falda; situaciones en que mi delicadeza y compostura quedan en entredicho. Fíjate tú...


5. Las notas de voz de whatsapp

Digamos que escribir por Whatsapp, escribo poco. Ya sabemos la pérdida de matices que conlleva matener una conversación mediante mensajitos entrecortados y mal escritos, y el tiempo que se pierde explicando según qué cosas en las que los detalles son trascendentales.

Porque si necesitas consejo de tu fiel amiga o si quieres dar tu opinión sobre según qué temas necesitas poder hablar: escribir no basta. No deberíamos empeñarnos en cambiar la función de las cosas.

Enviar una nota de voz te permite explicar lo que sea en cualquier momento, dejarlo enviado y listo para escuchar cuando la persona que lo reciba tenga tiempo. Te permite enrollarte como una persiona y mantener conversaciones contigo mismo que, creédme, son necesarias y más terapéuticas de lo que podemos llegar a pensar. Además, el que la recibe puede escucharla no sólo cuándo quiera, sino todas las veces que lo necesite y pausando la reproducción cuando se sature de tu voz o cuando tenga mejores cosas que hacer, pudiéndola retomar cuando se encuentre en condiciones de resolver eso que parece una cuestión de Estado. Y es que bueno, para MI estado seguramente sí es trascendental.

Creo que con mis amigas tenemos records. No os diré lo que duran mis notas de voz porque igual me encierran mañana.

6. Las barbacoas en jardines cuando empieza el buen tiempo

Siempre he pensado que son uno de los mejores planes en los que invertir tu fin de semana. 

En primer lugar, no te obligan a levantarte pronto y a la vez te fuerzan a estar lista a mediodía de modo que acabas levantándote a media mañana (sin malgastarla entera durmiendo). Además, siempre se alargan hasta última hora de la tarde de modo que te hacen el día. Así de simple.

En segundo lugar, son divertídisimas: empiezas con el aperitivo (seguramente la mejor parte), sigues con la carne (que aunque parezca mentira pasa a un segundo o tercer plano) y acabas con pasteles caseros y copas. Plan redondo, completo. 

En tercer lugar, consiguen que te pases es el día al aire libre, absorviendo vitamina D, mejorando tu tono de piel y luciendo un conjunto monísimo. Porque no nos engañaremos: son la ocasión perfecta para lucir los tejanos que mejor te quedan con una buena camisa y unas gafas de sol extremadas. 

En cuarto lugar, lo bueno de celebrarlas en jardines es que pueden ser más o menos multitudinarias, y además ello permite mezclar grupos de gente porque el lugar (bueno, y las cervezas y el vino) propicia que el ambiente sea súper distendido de modo que nadie se acaba sintiendo extraño y acaban surgiendo las conversaciones súper interesantes.

Queremos barbacoas en jardines cada fin de semana, sí. 


También me niego a vivir sin el chocolate negro con 80% de cacao, mis amigas, el sol de invierno, las miradas casi furtivas con esos desconocidos que pasan a formar parte de tu vida porque te los encuentras cada mañana aparcando la moto, la piña y las fresas, las croquetas de mi abuela, las frases hechas, las competiciones de moreno entre amigas, las blusas blancas...

Por no hablar de cantantes como él, que ni cansan ni saturan y suenan bien en casi cualquier ocasión: 


Hasta pronto, 

X.

domingo, 13 de marzo de 2016

Sobre las cosas que hacen que yo sea yo

Que todos somos iguales es la falacia más bien formulada de la historia. Y no solo lo digo porque las desigualdades son más que evidentes y porque es mentira que todos tenemos los mismos derechos (y obligaciones) sino porque cada uno de nosotros es infinitamente diferente. 

Y sin ánimo de ser egocéntrica, porque suele costarme lo de autoanalizarme, tengo que deciros que he disfrutado del proceso de pensar en todas aquellas cosas que, me guste o no, creo que me diferencian de los demás.

Es interesante darse cuenta de que todo sigue un cierto esquema y que en cierto modo estamos cortados por un patrón que hace que, en nosotros, todo tenga algún sentido. Ya os dije una vez que somos incoherentes pero pensándolo bien, también es cierto que las cosas que nos definen explican mucho sobre quién somos. Es chulísimo que ciertas cosas nos recuerden irremediablemente a ciertas personas. Y es que me encanta tanto decir como recibir la frase "Es tan tú...".

Creo que estas son las cosas que hacen que yo sea yo: 

1. Llevar las uñas pintadas.


2. Canturrear las canciones de las películas aunque las esté escuchando por primera vez, que es de hecho lo que ocurre (casi) siempre. No sé cómo lo hago, la verdad. Pero mi cerebro parece saberse todas las melodías. Puede ser molesto, lo sé. De hecho mi amiga M me odia por eso. 


3. Peinarme antes de ir a dormir. 

Pensaréis que es una estupidez pero os equivocáis: es asqueroso pensar que metes en la cama toda la suciedad de la calle y además uno descansa mucho mejor sin enredos.


4. Siempre, always and forever tener Kleenex cerca de donde duermo. 


5. Mis tazas y mis tés e infusiones all day every day.



6. Mis anillos, mi medalla y mi reloj. Que no me quito ni para dormir y que siempre me veréis encima. 

Me encanta que la gente lleve siempre algún complemento que acabe formando parte de su persona. En mi caso, hace ya muchos años que siempre llevo tres anillos en la mano izquierda, mi medalla de nacimiento colgada y un reloj que, como debería pasar con todos los relojes, tiene un significado importante.


7. Devorar un plato de pasta. No hay nada que me siente mejor. No soy yo sin la pasta. 


8. Mi obsesión y fijación por todo lo que sea de época y por todo lo que sea británico. 

Con época me refiero a la época Victoriana, al rededor del año 1800, cuando los bailes eran espectaculares, los chicos eran mega caballerosos (una lástima que eso se haya perdido, al menos en gran medida) y las chicas tenían que ser: kind, well read and accomplished.

Si no sabéis de que os hablo, os animo a ver (de hecho, os animo a leer) Orgullo y Prejuicio, Sentido y Sensiblidad o Cumbres borrascosas. También podéis ver una de las mejores series del mundo, Donwton Abbey, que aunque refleja una época un poco posterior, también me apasiona. 

Y en cuanto a lo británico debe ser por el inglés, el acento y el clasicismo bien entendido. 


9. Enumerar y listar las cosas más banales de la vida. Teorizarlo y ordenarlo todo. 

Cualquier cosa que me ocurre o que alguien comparte conmigo tiene que pasar por el filtro del orden: para avanzar necesito separar por puntos, enumerar y establecer premisas y conclusiones. 


10. Hacer las maletas con una semana de antelación. Ordenar las maletas siempre de la misma manera. Un día os lo contaré porque es una técnica infalible. 

Hacer maletas no es cosa fácil, se requiere experiencia, paciencia y un poco de cabeza. A base de equivocarme, he conseguido desarrollar una técnica que me funciona cada vez. Además tengo la intención de mantener la tradición de prepararlas siempre con al menos una semana de antelación no solo porque me funciona a nivel práctico sino porque alarga el viaje y aumenta la emoción.


11. Mi intolerancia a la lactosa. Lo que se convierte en la siguiente conversación en cada restaurante al que voy; ¿Seguro que no lleva nada de lactosa?; ¿Leche, mantequilla, queso? Piense que podría morir... 



12. La necesidad de ratos de estar sola que suelen ir asociados a mi mal humor de cuando estoy cansada - por la noche.


13. La imposibilidad de compartir la toalla con alguien. NO. Lo siento. Mi toalla es mía y no se toca. Y si la dejo tendidita en la arena quiero encontrarla tal cual cuando salgo del agua. Gracias. 


14. La manía de dormir siempre que puedo en mi cama o de, en su defecto, llevarme la funda antiácaros de mi almohada allí donde tengo que pasar más de dos noches. 


15. La costumbre de poner la alarma un minuto después del que me quiero despertar para poder aprovechar al máximo. 

Me explico: la alarma está pensada de manera que si la programamos, pongamos, a las 7:30, suene a las 7:29.59'' con lo que el minuto 30 no lo dormimos. Eso me da una rabia tal que lo que hago es ponerla a las 7:31 para así dormir verdaderamente hasta las 7:30.



16. Mi obsesión con mi inicial. La llevo y la tengo en muchos formatos. Me encanta. 


17. Mi fobia a las arañas (hasta me ha costado escribir la palabra). 


18. El odio eterno que le tengo a una mesa mal puesta, a un cuchillo mal colocado y a unos cubiertos mal cogidos. 


19. El color gris. 

Y mis muchas camisetas a rayas. Y mis tejanos negros. Y mis náuticas. Y mis chales hechos de ganchillo.

20. Esta canción:



Los que más me conocen os podrán decir si todo esto me define, y podrán seguramente añadir otras muchas cosas que asocian conmigo, y eso es lo bonito: la imagen y sensación que transmitimos varía y generamos experiencias distintas.

¿Y a vosotros, qué es lo que os caracteriza?


X.